La desaparición del INSTITUTO MUNICIPAL DE DEPORTES en el 2004 supuso el comienzo de la desaparición de una organización con una cultura gerencial, orientada a la eficacia, para pasar una organización con cultura estamental que prioriza la seguridad jurídica por encima de la eficacia.
Para la administración estamental su trabajo empieza y termina con el cumplimiento y dictado de normas.
El trabajo de la administración gerencial empieza donde acaba el de la administración estamental. Las normas le vienen dadas porque no tiene potestades administrativas reguladoras. El trabajo de la administración gerencial finaliza cuando se ha conseguido el resultado esperado. En el caso de las prestación de servicios, cuando se presta el servicio a los beneficiarios.
La selección y promoción en la plantilla del Instituto Municipal de Deportes se hizo conforme a la legislación laboral, desarrollada por medio de la negociación colectiva, que es anterior y con mayor rango jurídico que la negociación colectiva en la función pública.
Pero, para la administración estamental la selección de personal hecha conforme a legislación laboral no legitima para el desempeño de funciones públicas.
En una administración estamental no se valora el trabajo sino la la forma de acceso de su personal.
El cambio de una organización gerencial regida por el derecho laboral, a una organización estamental regida por las normas de la función pública, supuso la deslegitimación de la plantilla para seguir desempeñando sus funciones. Quedando en un limbo del que todavía no ha salido.
Se ha sometido a la plantilla procedente del Instituto Municipal de Deportes a un proceso de desgasta, negando retroactivamente su legitimación, sometiéndola a “regularizaciones” interminables.
Se está produciendo la salida de personas, principalmente por jubilación, que no pueden transmitir su experiencia porque no es útil en la nueva cultura estamental.
A lo que hay que añadir la falta de reposición que afecta a todas las administraciones públicas.
El resultado es una merma cualitativa y cuantitativa de la plantilla.
Lo deseable sería haber integrado en la administración estamental a personas para las que la prestación del servicio público está por encima de todo.
Después de 14 años que se van a cumplir desde que el Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó la extinción del Instituto Municipal de Deportes, hay que constatar que a la desaparición jurídica, le ha seguido la desaparición de su “modus operandi” y la condena de su plantilla a la extinción.
Han desaparecido los valores de ese organismo municipal.
Ya solo queda completar la transformación. Alargar la desaparición del Instituto Municipal de Deportes sin crear una estructura administrativa que se ocupe de la competencia municipal de promoción del deporte, lo único que consigue es paralizar la prestación de un servicio municipal que es cada vez más necesario para la población.

