El liderazgo autoritario puede ser eficaz en una primera fase, en entornos reducidos y ordenados. A base de dar órdenes se consigue el resultado que se busca.
Pero a medida que crece el número de personas a las que manda el líder autoritario y la complejidad de la realidad sobre la que actúa. Esa eficacia disminuye. No se pueden dar órdenes a muchas personas ni controlar cómo las ejecutan. Y respecto a la complejidad, el líder autoritario no puede saber de todo, por lo que acaba dando órdenes sobre cosas que no conoce. El tamaño y la complejidad de la organización exige modelos de liderazgo basado en el diseño y control de procesos, en la delegación y confianza en las personas y equipos, en compartir responsabilidades, y ser solidario con los éxitos y con los fracasos.
Y un apunte sobre la eficiencia, no hay mayor derroche que no dejar que se desarrolle todo el potencial de las personas que estén en la organización.
Y lo penúltimo, para cambiar forma de liderar no tienen que cambiar las personas, sólo tienen que cambiar la forma de comportarse. No hay peor excusa que decir “yo soy así”. Trata de decirte a ti mismo “yo me comporto así, y puedo comportarme de otra manera”
Y ahora la pregunta para reflexionar: ¿El deporte municipal es una realidad compleja en la que hay muchas personas? ¿El liderazgo autoritario es eficaz? ¿Permite que se desarrolle el potencial de cada persona para obtener mejores resultados?

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