martes, 13 de agosto de 2013

Al agua seguros

Este verano empezó con un goteo de noticias sobre ahogamientos. El Mundo y El País publicaron dos reportajes sobre este tema cuya lectura recomiendo. Quiero aprovechar estos sucesos para recordar que las piscinas municipales estuvieron en el origen de la gran infraestructura de instalaciones deportivas municipales que hoy existe en España. Sobre todo en las poblaciones alejadas de la costa. La única forma de disfrutar en verano de un baño que ayudara a soportar los días de calor, era disponer de una piscina municipal en la que se podía pasar el día entero, con comida, siesta y merienda incluida. Esa época parece superada y con ello se ha olvidado la importancia de los cursillos de natación que dieron a varias generaciones de ciudadanos las nociones básicas para poder desenvolverse en el agua con una mínima seguridad. Muchos de los que acudieron a los cursillos de natación en los años 60 y 70, hay que decir del siglo pasado, con sus marciales actos de clausura que podrían haber aparecido en algún capítulo de Cuéntame, enseñaron a sus hijos lo que ellos habían aprendido, y estos a su vez a sus hijos. Esto es, ni mas ni menos, el desarrollo de una cultura deportiva que ha mejorado la calidad de vida de la población. Pero los datos que pueden verse en las informaciones que he citado, demuestran que la realidad no es como posiblemente la estamos percibiendo, y me refiero a los gestores municipales de infraestructuras deportivas. Al hacer la programación de las actividades deportivas no hay que olvidarse de los cursillos de natación dirigidos a quien no sabe nadar. Para ellos la natación antes que un deporte es una necesidad, y lo importante no es que desarrollen un buena técnica, ni tener una buena forma física, sino poder bañarse en una piscina o en la playa sin tener miedo a ahogarse. Para conseguir los mejores resultados a largo plazo, lo mejor es dirigir estos cursillos a los bebés, me estoy refiriendo a partir de los tres años, no hace falta salir de la maternidad para ir directamente a la piscina. Y que se haga junto con los padres. Como de forma acertada se dice en los reportajes de El MUNDO y EL PAÍS, los socorristas de las piscinas públicas no son los cuidadores de los niños. Además el porcentaje mayor de accidentes se producen en piscinas privadas en las que no hay socorristas. Estos cursos tienen que orientarse principalmente a la seguridad, por lo que deberían incluir la enseñanza de primeros auxilios para que los padres puedan ayudar a los niños si hay necesidad. Para que todo el mundo tenga opción, deben ser de duración limitada. Con ello se evita el problema de la falta de plazas porque se va renovando indefinidamente para ir pasando a otros niveles. Se paga la mensualidad, incluso aunque no se vaya a las clases, con tal de seguir teniendo la plaza. Las bicicletas ya no son solo para el verano, y los cursillos para aprender a nadar tampoco, por tanto los cursillos para aprender a nadar deben estar todo el año en la programación, las piscinas climatizadas lo posibilitan, y no dejarlos sólo para la temporada de verano. Nadar, antes que un deporte, es una necesidad y si algo justifica la existencia de los servicios públicos de deportes es atender las necesidades de la población, en este caso no solo no para mejorar la calidad de vida, sino para conservarla.

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